Llevamos una época en la que hacer Pilates Reformer —la máquina en la que se practica— es de lo más viral, pero aunque parece algo únicamente estético y fácil de hacer, es todo lo contrario.
Me cuesta mucho ir al gym. Me aburre, no tengo constancia y, al ser algo por lo que pagas una cuota y tienes plena libertad para ir cuando quieras, al ritmo que tú quieras y haciendo lo que tú quieras, hasta que coges el hábito cuesta mucho más que una clase guiada como es el Pilates Reformer.
Siempre me ha llamado la atención porque, aparte de ser algo tan viral, visualmente veía algo que a mí me obsesiona: la postura y el trabajo de la misma. Pero al ser algo tan solicitado, siempre que preguntaba para apuntarme estaba todo lleno y me quedaba con las ganas.
Hablando con una amiga de mi madre, me comentó que ella iba a clases de Pilates Reformer y yo le comenté, así por encima, lo mucho que me hubiese gustado apuntarme a clases y lo difícil que era encontrar sitio. Casualmente, la dueña del sitio es una amiga suya y tienen muy buena relación y, enseguida, me escribió para decirme que podía empezar a dar clases allí.
No me lo podía ni creer jajaja.
Me he apuntado dos veces por semana: una clase la damos en suelo y otra en Reformer. Empecé el lunes con la de suelo, que me gustó mucho, pero nada comparado con la que he dado hoy con el Reformer.

¿Qué se trabaja en Pilates Reformer?
Por si, como yo hasta hace poco, solo conoces el Pilates Reformer por los vídeos de Instagram y TikTok, la máquina puede parecer mucho más sencilla de lo que realmente es.
El Reformer es una máquina que tiene una plataforma móvil, muelles con diferentes niveles de resistencia, correas y una barra, y todo esto hace que puedas realizar ejercicios muy diferentes dependiendo de la posición y del nivel de dificultad.
Aunque muchas veces se asocia únicamente con conseguir un cuerpo más estilizado, en realidad durante una clase trabajas prácticamente todo el cuerpo: piernas, glúteos, abdomen, espalda, brazos y, sobre todo, la musculatura que ayuda a mantener una buena postura y estabilidad.
Una de las cosas que más me ha gustado es que no se trata simplemente de hacer movimientos sin más. Cada ejercicio tiene una técnica y tienes que estar muy pendiente de cómo colocas el cuerpo, de mantener una postura correcta y de coordinar el movimiento con la respiración.
Además, aunque utilizas la resistencia de los muelles de la máquina, gran parte del trabajo se realiza con tu propio peso corporal y el control de tu cuerpo. Y aquí es donde te das cuenta de que, aunque desde fuera pueda parecer muy fácil, mantener una posición o hacer un movimiento de forma correcta puede hacer que un ejercicio que parecía sencillo sea bastante intenso.
Y sí, sales de la clase sintiendo que has trabajado muchísimo más de lo que pensabas.

Mi primera clase de Pilates Reformer
Hemos sido un total de seis chicas. Las demás ya llevaban bastante tiempo allí y tenían mucho más contacto con la máquina y con los ejercicios, todo lo contrario a mí.
Yo iba completamente de cero y, sinceramente, al principio estaba un poco perdida con tantas correas, muelles y posiciones diferentes jajaja.
Pero la profesora ha estado súper atenta conmigo, explicándome cada parte del Reformer y corrigiéndome las posturas durante los ejercicios. Esto me ha gustado muchísimo porque, al ser una clase tan reducida, puede estar pendiente de cada una y ayudarte a hacer los ejercicios correctamente.
Y aquí he entendido también una de las cosas que más me llamaban la atención del Pilates: la importancia de la postura.
Hay ejercicios en los que parece que simplemente estás moviendo una pierna o haciendo un movimiento muy pequeño, pero cuando te explican dónde tienes que colocar la espalda, cómo tienes que mantener el abdomen o hacia dónde tienes que dirigir el movimiento, cambia completamente.
Es un trabajo mucho más consciente de lo que pensaba.

Pilates Reformer vs. gimnasio
Estoy enfadadísima con el Pilates Reformer y, como os he dicho antes, para mí no tiene nada que ver con el gym.
Si es verdad que el precio es mucho más elevado, pero también siento que me obliga a ir. El hecho de tener un día y una hora determinados hace que lo tengas programado y que sea mucho más difícil poner cualquier excusa.
Es un poco como tener una cita para las uñas: sabes que el martes a las 19:00 tienes que estar allí y punto.
Y en mi caso, que me cuesta muchísimo sacar constancia para ir al gimnasio, creo que esto puede marcar una diferencia enorme.
También me gusta mucho que no tengo que pensar qué voy a hacer ese día. No llego allí, miro las máquinas y pienso “¿y ahora qué hago?”. La clase está preparada, la profesora te guía y tú simplemente tienes que concentrarte en hacer los ejercicios correctamente.
Para mí, esa parte es fundamental.
Creo que muchas veces el problema no es que no queramos hacer deporte, sino que nos cuesta encontrar una actividad que realmente nos motive y que podamos mantener en el tiempo. Y, de momento, siento que el Pilates Reformer puede ser exactamente eso para mí.
Además, reconozco que el hecho de que sea tan viral también me llamó la atención al principio, pero después de probarlo entiendo perfectamente por qué está tan de moda.
Ahora solo me queda seguir probando y ver cómo me siento después de unas semanas, porque tengo muchísimas ganas de notar también los cambios en la postura, la fuerza y la movilidad.
Y, por cierto, el viernes voy a probar por primera vez Hatha Yoga, así que ya os contaré qué tal y si consigo sobrevivir a mi nueva etapa de deportes!!!
