Hay ciertas cosas en las que no me importa invertir. Una buena crema, un perfume que realmente me obsesione, una prenda que sé que voy a llevar durante años… y el láser. Pero después de nueve años haciéndome tratamientos, descubrir el láser alejandrita me hizo preguntarme por qué había estado tirando mi dinero y perdiendo mi tiempo durante tanto tiempo.
Para mí, el láser es uno de esos no negociables. El problema es que durante muchísimo tiempo estuve convencida de que estaba haciendo lo correcto y, visto ahora, probablemente estaba tirando dinero y tiempo.
Tengo 24 años y empecé a hacerme el láser con 15. Durante años fui haciéndome sesiones con el famoso láser de diodo, siguiendo las indicaciones que me daban y cumpliendo, o al menos eso creía, con todo lo necesario para que el tratamiento funcionase. Sesión tras sesión, mes tras mes, esperaba ese momento en el que por fin pudiera decir: “se acabó”.
Y no llegaba.
Sí, tenía menos vello. Sí, después de determinadas sesiones notaba mejoría. Pero siempre terminaba volviendo a salir. Y no hablo de un par de pelos que aparecen de vez en cuando y que prácticamente ni recuerdas que existen. Hablo de que, después de tantos años, seguía teniendo que preocuparme por depilarme.
Ahí fue cuando empecé a pensar que quizá el problema no era yo.
¿Y si simplemente estaba utilizando el láser equivocado?
Empecé a investigar. Y cuando digo investigar, digo entrar en ese agujero negro de internet en el que empiezas buscando información sobre depilación láser y tres horas después estás leyendo sobre tipos de láser, longitudes de onda, fototipos y experiencias de mujeres que ni siquiera sabías que existían.
Fue entonces cuando descubrí que no todos los láseres son iguales.
Y apareció ante mí uno que, sinceramente, no había escuchado nombrar tanto como el diodo: el láser alejandrita.
Me llamó especialmente la atención porque, cuanto más buscaba, más experiencias encontraba de personas que hablaban de resultados que se parecían mucho más a lo que yo llevaba años buscando: reducción del vello de una forma mucho más evidente y duradera.
El láser alejandrita utiliza una longitud de onda de 755 nm, mientras que el láser de diodo suele trabajar alrededor de los 800-810 nm. Esto hace que la interacción con la melanina del pelo y la piel sea diferente y que la elección del láser dependa, entre otras cosas, del fototipo, del color y grosor del pelo y de la zona que se quiera tratar.
Y aquí está algo que me parece importante aclarar: no existe un láser universalmente mejor para todo el mundo. El fototipo y las características del vello importan muchísimo. Pero en mi caso, después de años con diodo y de no conseguir el resultado que buscaba, descubrir el alejandrita me hizo plantearme seriamente si había estado utilizando durante años una opción que simplemente no era la más adecuada para mí.

Las chicas que parecen no tener ni un solo pelo
No sé cómo explicarlo sin que suene un poco absurdo, pero una de las cosas que más me hizo investigar fue pensar en esas chicas que parecen estar perfectas siempre.
Especialmente las chicas eslavas. Piel impecable, piernas sin un pelo, axilas perfectas… y esa sensación de que se han levantado de la cama así.
Y ahí apareció todavía más información sobre el alejandrita.
También encontré muchísimas experiencias de mujeres trans que recurren a la depilación láser para eliminar el vello facial y corporal, precisamente porque en muchos casos necesitan conseguir una reducción especialmente importante del pelo. Esto me llamó muchísimo la atención y, lejos de ser el único motivo para decidirme, sí fue una de esas cosas que me hicieron pensar: vale, quizá aquí hay algo que merece la pena probar.
Después de tantos años pagando sesiones, esta vez no quería volver a equivocarme.
Esta vez investigué antes de pagar
Busqué centros especializados, comparé experiencias y, sobre todo, miré reseñas. Para mí esto es obligatorio.
No quería entrar en un centro que hiciera veinte tratamientos diferentes y que, entre ellos, también ofreciera láser. Quería encontrar un sitio que estuviera especializado realmente en esto.
Encontré uno cerca de casa que se dedica exclusivamente a este tratamiento. Empecé a leer opiniones y mi sorpresa fue que prácticamente todas hablaban de lo mismo: resultados muy buenos y una reducción del vello que realmente se notaba.
Y había experiencias tanto de mujeres como de hombres.
Así que decidí probar.

Mi primera sesión de alejandrita
Una de las primeras diferencias que noté fue la preparación. Me indicaron que tenía que ir depilada un par de días antes, de manera que cuando llegara al centro tuviera algo de vello visible.
Y aquí viene otra diferencia que no esperaba: me resultó bastante más llevadero que el diodo.
El alejandrita utiliza un sistema de enfriamiento que, en mi caso, hacía que la sensación fuese mucho más soportable. En lugar de esa sensación que yo recordaba del diodo, se nota una especie de aire a presión que ayuda muchísimo a aliviar el tratamiento.
Me hice cuerpo entero y también la zona del labio.
Y después vino la parte en la que pensé: ¿pero esto realmente está haciendo algo?
Porque sales de la sesión y, evidentemente, sigues viendo pelo.
Pero aquí hay que tener paciencia.
El pelo tratado no desaparece mágicamente en el momento. Durante los días posteriores empieza a desprenderse y, de repente, llega un momento en el que te duchas y empiezas a verlo caer.
Y os juro que la primera vez que me pasó pensé: ah, vale. Ahora lo entiendo.
De un día para otro la diferencia era exagerada.
Piel sin prácticamente rastro de pelo.
Y estamos hablando de mi primera sesión.
No os podéis imaginar mi cara pensando en todas las sesiones que había hecho durante años.

Y lo que más me sorprendió: ya no tengo que ir cada mes
Con el diodo estaba acostumbrada a acudir prácticamente cada mes. Era parte de mi rutina.
Con el alejandrita, el centro me indicó que las sesiones serían aproximadamente cada dos meses, porque el tratamiento trabaja sobre el pelo en una determinada fase de crecimiento y no tiene sentido estar acudiendo constantemente.
La excepción es el labio, que requiere una frecuencia diferente y, en mi caso, las sesiones son mensuales porque es una zona bastante más complicada de tratar.
Y sinceramente, después de tantos años pensando que tenía que estar prácticamente todos los meses haciéndome el láser, que me digan que puedo espaciar las sesiones y, además, estoy viendo resultados muchísimo más evidentes… pues me parece bastante significativo.

No sé cuántas sesiones necesitaré, pero sé que esta vez lo estoy notando
No quiero venderos la idea de que existe un número mágico de sesiones ni deciros que el alejandrita va a funcionar igual en todas las personas, porque no es así.
Cada piel y cada tipo de pelo son diferentes y precisamente por eso creo que es tan importante que un profesional valore qué tecnología es la adecuada para cada caso.
Pero sí puedo contaros mi experiencia.
Después de nueve años haciéndome láser, puedo decir que es la primera vez que siento que estoy viendo un cambio realmente importante.
Y eso, para mí, lo cambia todo.
De hecho, se lo he recomendado a todas mis amigas. Y si hay algo que me hace gracia es que muchas de ellas tenían exactamente el mismo problema: años y años haciéndose diodo y, aunque habían reducido muchísimo el vello, seguían teniendo que depilarse y hacer sesiones constantemente.
Algunas ya han contratado su bono.
Y entiendo perfectamente por qué.
Porque cuando llevas años gastándote dinero en algo y un día descubres que quizá había otra opción que encajaba mucho mejor contigo, inevitablemente piensas: ¿por qué nadie me lo había contado antes?
Así que si llevas años haciéndote láser y sientes que has llegado a un punto en el que el pelo simplemente vuelve, quizá no se trate de seguir haciendo exactamente lo mismo durante otros cinco años.
Quizá merezca la pena parar, investigar y preguntarte si el tratamiento que estás utilizando es realmente el adecuado para ti.
Yo, después de nueve años, acabo de empezar de nuevo.
Y de momento, tengo que decirlo: estoy bastante obsesionada con el resultado.

1 comentario en “Láser alejandrita: ¿por qué nadie me habló de él?”
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