Hay temas de los que hablamos muchísimo y otros que, aunque afectan a muchas mujeres, siguen siendo prácticamente desconocidos. Para mí, el trastorno disfórico premenstrual pertenece completamente al segundo grupo.
Un par de años después de tener mi primer periodo, tendría unos 14 años, empecé a notar que determinados días del mes mi estado de ánimo cambiaba de una manera que entonces no sabía explicar. No era simplemente estar un poco más sensible o tener un mal día. Había momentos en los que me encontraba realmente triste, sin ganas de nada, mucho más irritable y con una sensación que, por aquel entonces, yo describía simplemente como estar «de bajón».
Pero tenía 14 años y no tenía demasiada consciencia sobre la salud mental, ni sobre la salud hormonal, ni sobre cómo funcionaba realmente mi ciclo. Así que hice lo que probablemente haríamos muchas: pensar que era cosa de la edad.
La famosa edad del pavo.
Y ahí se quedó durante años.
Con el tiempo, además, empecé a ser consciente de que las personas de mi alrededor me percibían como alguien bastante inestable. Había aproximadamente dos semanas al mes en las que me comía el mundo y otras dos en las que parecía que entraba en un estado completamente diferente.
Durante una parte del mes tenía energía, estaba motivada, tenía ganas de hacer cosas, me sentía segura y todo parecía mucho más fácil. Después, casi como si alguien hubiese cambiado un interruptor, llegaban unos días en los que todo me afectaba muchísimo más. Estaba más triste, más irritable, más insegura y emocionalmente mucho más desbordada.
Y lo curioso es que yo también lo veía.
No entendía por qué podía sentirme de una manera tan diferente dependiendo del momento del mes, pero tampoco se me ocurrió pensar que pudiera existir una explicación médica detrás.
Simplemente pensé que era mi personalidad.
Hace unos meses, sin embargo, llegué a un punto en el que necesitaba entenderme mejor. Toqué fondo en algunos aspectos de mi vida, decidí alejarme de relaciones que no me estaban haciendo bien, empecé terapia y comencé a cuidar mucho más mi salud mental y física.
Y cuando empiezas a hacer ese trabajo de verdad, inevitablemente empiezas a hacerte preguntas.
¿Por qué reacciono así ante determinadas situaciones? ¿Por qué hay momentos en los que me siento completamente diferente? ¿Por qué algunas cosas me afectan muchísimo más en determinados días?
Fue entonces cuando empecé a investigar sobre mi ciclo menstrual y descubrí algo de lo que, sinceramente, nunca había oído hablar: el trastorno disfórico premenstrual, o TDPM.
Y fue una de esas cosas que te hacen parar y pensar: ¿Cómo es posible que haya pasado tantos años sin saber que esto existe?

¿Qué es realmente el TDPM?
El trastorno disfórico premenstrual es una forma grave de trastorno premenstrual. No estamos hablando simplemente de estar de mal humor antes de que llegue la regla o de tener un poco más de sensibilidad esos días.
El TDPM puede provocar síntomas emocionales importantes, entre ellos irritabilidad, ansiedad, tristeza intensa, cambios bruscos de humor, sensación de estar desbordada, dificultad para concentrarse o pérdida de interés por cosas que normalmente disfrutas. También puede ir acompañado de síntomas físicos como cansancio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, hinchazón, sensibilidad en los senos, dolores de cabeza o dolor muscular y articular.
Una de las cosas que más me llamó la atención cuando empecé a investigar fue entender que no necesariamente significa que exista un problema con la cantidad de hormonas que produce nuestro cuerpo. La investigación del National Institute of Mental Health apunta a que algunas mujeres con TDPM pueden tener una sensibilidad anormalmente elevada a los cambios hormonales normales que se producen durante el ciclo menstrual.
Es decir, no necesariamente tienes «las hormonas mal». Tu cuerpo puede estar realizando su ciclo de manera normal y, aun así, responder a esas fluctuaciones de una forma mucho más intensa.
Y esto, personalmente, me hizo replantearme muchas cosas.
Porque durante años había pensado que quizá simplemente era demasiado sensible, demasiado emocional o que tenía cambios de humor que no sabía controlar. Descubrir que existe una condición médica relacionada con estos cambios no significa que todo lo que haya hecho o sentido durante mi vida tenga una explicación en el TDPM, pero sí me hizo entender que quizá había algo que merecía la pena observar con más atención.

¿Cómo saber si puede estar relacionado con tu ciclo?
Aquí creo que está una de las partes más importantes.
No quiero que nadie lea este artículo y salga pensando que tiene TDPM porque se ha sentido triste antes de la regla. El diagnóstico no funciona así y, de hecho, existen otras condiciones que pueden producir síntomas parecidos.
Lo que parece especialmente importante es observar el patrón.
Si los síntomas aparecen de forma repetida durante la fase previa a la menstruación y después mejoran, ese patrón puede ser una información muy relevante para un profesional sanitario. ACOG señala que el TDPM se caracteriza por síntomas que aparecen en el periodo premenstrual y que mejoran después de comenzar la menstruación.
Por eso, una de las cosas que más recomiendo es algo muy sencillo: empezar a apuntar cómo te encuentras durante varios ciclos.
No solamente cuándo tienes la regla. También cómo estás emocionalmente, cómo duermes, cómo comes, si tienes ansiedad, cómo está tu energía, si estás más irritable o si notas cambios importantes en tus relaciones.
Porque quizá llevas años pensando que tienes cambios de humor sin darte cuenta de que existe un patrón detrás.

Los síntomas pueden ir mucho más allá del estado de ánimo
Cuando empecé a leer sobre el TDPM, me di cuenta de que no se trata únicamente de síntomas emocionales.
Puede existir una combinación de síntomas psicológicos y físicos, y no todas las mujeres los experimentan de la misma manera. Entre los síntomas que se pueden presentar están la irritabilidad, ansiedad, tristeza, sensación de desesperanza, cambios de humor, dificultad para concentrarse, cansancio, cambios en el apetito y el sueño, además de síntomas físicos como hinchazón, sensibilidad mamaria o dolor muscular.
Y precisamente por eso puede resultar tan complicado identificarlo.
Porque una mujer puede pensar que simplemente está atravesando una mala época, que está más estresada, que está durmiendo peor o que tiene demasiadas cosas en la cabeza.
Y quizá sea cierto.
Pero si ese mismo patrón aparece una y otra vez alrededor de la misma fase del ciclo, creo que merece la pena investigarlo.
¿Y qué recomiendan los expertos?
Aquí es donde creo que hay que separar muy bien una experiencia personal de la información médica.
Yo puedo contar mi experiencia y lo que descubrí investigando, pero no puedo decirle a otra mujer qué tratamiento necesita.
Las recomendaciones dependen de cada caso y pueden combinar diferentes estrategias. Las guías clínicas de ACOG contemplan opciones farmacológicas hormonales y no hormonales, terapia psicológica, ejercicio, estrategias de autocuidado y otras intervenciones, y señalan que algunas pacientes pueden beneficiarse de un enfoque combinado.
La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, puede ser una de las opciones que se valoren. También pueden recomendarse determinados tratamientos hormonales dependiendo de la situación de cada mujer.
Y sí, algo que me sorprendió especialmente cuando empecé a investigar es que también pueden recetarse antidepresivos.
En concreto, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, conocidos como ISRS, están entre los tratamientos que pueden utilizarse para el TDPM y pueden ayudar especialmente con los síntomas emocionales.
Esto puede resultar extraño al principio. Yo misma asociaba automáticamente un antidepresivo con tener depresión, pero no significa necesariamente que una mujer con TDPM tenga depresión. Estos medicamentos pueden utilizarse para tratar diferentes condiciones y, en este caso, pueden ayudar a controlar determinados síntomas del trastorno.
Eso sí: no significa que sean necesarios para todas las mujeres ni que deban tomarse por cuenta propia. La medicación tiene que valorarse individualmente con un profesional sanitario, teniendo en cuenta los beneficios, posibles efectos secundarios y el resto de circunstancias de cada persona.

Lo que yo recomiendo después de descubrir todo esto
Después de todo lo que he investigado, mi recomendación no es que nadie empiece a tomar nada ni que intente autodiagnosticarse.
De hecho, creo que el primer paso es mucho más sencillo: observarse.
Durante varios meses, presta atención a cómo te encuentras y anótalo. Puede ser en una aplicación, en el móvil o en una libreta. Lo importante es poder mirar después hacia atrás y comprobar si existe un patrón.
Y si lo encuentras, habla con un profesional.
No tienes que llegar diciendo «creo que tengo TDPM». Puedes simplemente explicar lo que estás viviendo: que durante determinados días del mes tu estado de ánimo cambia muchísimo, que después mejora y que quieres saber si puede existir alguna relación con tu ciclo.
A partir de ahí, será un profesional quien pueda valorar qué está pasando.
Y creo que esto es especialmente importante porque el hecho de que algo ocurra todos los meses no significa que tengamos que acostumbrarnos a vivir con ello.
Durante mucho tiempo pensé que mis cambios de humor eran simplemente parte de mí. Ahora entiendo que conocer cómo funciona nuestro cuerpo también forma parte de conocernos a nosotras mismas.
Lo que me habría gustado saber a los 14 años
Si pudiera volver atrás, probablemente no necesitaría que nadie me diese un diagnóstico. Me habría bastado con que alguien me dijera que estaba bien hacer preguntas.
Que si algo se repite cada mes, puedes investigar por qué.
Que la salud menstrual también forma parte de la salud mental.
Y que pedir ayuda no significa que haya algo malo en ti.
Quizá no tenga TDPM. Quizá algunas cosas que he vivido tengan otras explicaciones. Y precisamente por eso creo que es tan importante hablar de ello desde la experiencia, pero también desde la responsabilidad: contar lo que nos pasa, investigar y acudir a profesionales cuando algo nos preocupa.
Porque no se trata de buscar una etiqueta para definirnos.
Se trata de entendernos un poco mejor.
Y si este artículo hace que una sola mujer que lleva años pensando «soy yo, que soy demasiado sensible» empiece a observar su ciclo, investigue y hable con un profesional, entonces para mí ya habrá merecido la pena escribirlo.
A veces no necesitamos encontrar inmediatamente una respuesta. A veces necesitamos empezar haciendo la pregunta correcta.

¿Y si no soy yo? ¿Y si hay algo que todavía no entiendo sobre mi ciclo?
Quizá la respuesta no sea la que esperas. Pero investigarlo puede ser el primer paso para dejar de sentir que tienes que luchar contra una parte de ti que ni siquiera comprendes.

Este artículo nace de una experiencia personal y tiene finalidad divulgativa. El TDPM requiere una valoración profesional y esta información no sustituye un diagnóstico ni una recomendación médica.